El PID se orienta a proyectos empresariales de investigación industrial y/o desarrollo experimental, que den lugar a una creación o mejora significativa de productos, procesos o servicios.
El encaje suele ser claro cuando concurren estas condiciones:
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Existe incertidumbre tecnológica demostrable (no solo incertidumbre comercial u organizativa).
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Se expone el estado del arte y se justifica un salto técnico medible, no incremental.
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Hay un plan de validación y verificación de resultados (técnica y, cuando aplica, operativa o regulatoria).
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La explotación se aborda con realismo: suficiente para evidenciar ruta a mercado, sin convertir la memoria en un documento comercial.
En proyectos de IA y datos (muy habituales hoy en día), un punto diferencial suele ser la capacidad de explicar con claridad qué se investiga o desarrolla, por qué no es trivial, y cómo se demostrará que funciona fuera del “entorno de laboratorio” (robustez, generalización, reproducibilidad, integración, etc.).
Condiciones del instrumento: lo que debe condicionar el diseño desde el inicio
Más allá de los titulares, hay condiciones que influyen directamente en el alcance y la arquitectura del proyecto:
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Presupuesto mínimo elegible: 175.000 €.
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Duración habitual: 12–36 meses (y hasta 48 meses en cooperación nacional, según el esquema).
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Cobertura de ayuda: hasta el 85% del presupuesto aprobado, con aportación mínima del 15% por parte de la empresa.
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Naturaleza financiera: ayuda parcialmente reembolsable (con condiciones específicas según el caso).
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Subcontratación: sujeta a límites generales definidos en la ficha del instrumento, que conviene revisar antes de decidir el reparto de capacidades.
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Efecto incentivador: la solicitud debe presentarse antes de iniciar las actividades del proyecto, para no comprometer la elegibilidad.
Estas reglas no son un “anexo”: deberían estar incorporadas desde el principio en el cronograma, el presupuesto, el uso de proveedores y la planificación de validaciones.
Cómo debe “leerse” una buena memoria técnica: verificabilidad, trazabilidad y gestión del riesgo
Una memoria sólida no se limita a describir actividades; debe construir un relato técnico que un evaluador pueda seguir y comprobar. Hay cuatro componentes que, en nuestra experiencia, marcan la diferencia.
Objetivos formulados como resultados verificables
Evita objetivos del tipo “desarrollar una plataforma” o “aplicar IA”. Es preferible definir:
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qué mejora concreta se persigue,
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con qué métricas,
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respecto a qué referencia (baseline),
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y bajo qué condiciones de validación.
Metodología suficientemente operacionalizada
Especialmente en proyectos de datos/IA o en entornos regulados, la metodología debe cubrir:
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origen y gobernanza del dato (calidad, trazabilidad, permisos),
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diseño experimental y validación (incluidos comparadores),
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control de versiones y reproducibilidad,
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consideraciones de seguridad y privacidad cuando proceda.
Hitos auditables (con criterios de aceptación)
Los hitos deben tener criterios de salida: umbrales mínimos, evidencia de validación, entregables verificables. Si los hitos son descriptivos (“desarrollo”, “integración”, “validación”) pero no medibles, la evaluación tiende a penalizar por falta de precisión.
Riesgo tecnológico tratado de forma explícita
Un PID es I+D: se espera incertidumbre. Lo que se valora es que la gestión del riesgo sea adulta:
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identificar los riesgos principales (datos, escalabilidad, robustez, integración, etc.),
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proponer mitigaciones realistas,
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y vincular recursos y planificación a la reducción de esas incertidumbres.
Presupuesto: coherencia técnica y elegibilidad, sin “inflar” partidas
El CDTI contempla como elegibles, entre otros, personal, instrumental y material, y colaboraciones externas (investigación contractual, consultoría y servicios equivalentes), además de costes indirectos asociados según las reglas aplicables.
Lo que más suele reforzar la defensa del presupuesto es la relación directa con la I+D:
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Personal: perfiles y dedicación alineados con tareas críticas y riesgos técnicos.
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Subcontratación: justificada por capacidades no disponibles internamente, dentro de los límites del instrumento.
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Equipamiento: argumentado por necesidad técnica y uso en actividades de I+D, no por conveniencia operativa.
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Coherencia temporal: el gasto debe acompañar el plan de trabajo; concentraciones difíciles de explicar generan dudas.
Explotación e impacto: rigor, realismo y conocimiento del sector
En un PID no se espera un plan comercial exhaustivo, pero sí una lógica de explotación consistente: quién adoptará el resultado, con qué barreras y en qué horizonte.
En salud y biotecnología, esa lógica debe convivir con:
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requisitos de evidencia,
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restricciones de datos,
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integración con entornos clínicos o de laboratorio,
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y, cuando aplica, consideraciones regulatorias.
Una explotación “genérica” suele ser menos creíble que una explotación acotada, con supuestos claros y próximos pasos bien definidos.
MATICAL, expertos en financiación CDTI
Nos centramos en los siguientes pilares para afianzar el éxito para el proyecto de nuestros clientes:
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Estructuración del proyecto: objetivos, paquetes de trabajo, hitos, entregables y métricas.
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Rigor metodológico en datos/IA y salud: trazabilidad, validación, reproducibilidad y gestión del riesgo.
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Coherencia presupuestaria: alineación con incertidumbres técnicas y reglas del instrumento.
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Explotación e impacto: rutas realistas de adopción, especialmente en entornos sanitarios y biotech.
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