Hoy en día, el “principio DNSH” es un concepto habitual que nos encontramos en muchas convocatorias de ayudas públicas, especialmente aquellas vinculadas a fondos europeos y al Plan de Recuperación, Transformación y Resiliencia. Cualquier empresa que haya solicitado una ayuda en los últimos años habrá escuchado hablar de ello.
Su objetivo es garantizar que los proyectos subvencionados no causen un perjuicio significativo al medio ambiente, aunque su aplicación práctica está generando dudas y una creciente complejidad administrativa para muchas empresas.
Para muchas compañías, el primer contacto con el DNSH llega en plena preparación de una solicitud de ayuda: aparece un cuestionario ambiental, una declaración responsable, una memoria específica o la necesidad de justificar que el proyecto no causa un perjuicio significativo al medio ambiente. Y, en ese momento, surge la pregunta: ¿qué tiene que ver esto con mi proyecto de innovación, digitalización o I+D?
La respuesta corta es que la sostenibilidad se ha convertido en un criterio transversal en la financiación pública. La respuesta larga es algo más compleja.
¿Qué es el principio DNSH?
DNSH son las siglas en inglés de Do No Significant Harm, es decir, “no causar un perjuicio significativo”. Su objetivo es garantizar que las actuaciones financiadas con fondos públicos no generen impactos negativos relevantes sobre el medio ambiente.
El principio se articula en torno a seis objetivos medioambientales: mitigación del cambio climático, adaptación al cambio climático, uso sostenible del agua y los recursos marinos, economía circular, prevención y control de la contaminación, y protección de la biodiversidad y los ecosistemas.
Todos los proyectos financiados con fondos Next Generation deben demostrar que cumplen con el principio DNSH. Este requisito nace del Reglamento del Mecanismo de Recuperación y Resiliencia (MRR), que establece que las actuaciones incluidas en los Planes de Recuperación no pueden generar impactos negativos relevantes sobre los objetivos medioambientales definidos por la Unión Europea.
Para ello, la normativa europea se apoya en el denominado Reglamento de Taxonomía, que establece el marco para determinar cuándo una actividad económica puede considerarse medioambientalmente sostenible. Además, la propia Comisión Europea ha desarrollado distintas guías técnicas con el objetivo de orientar cómo debe aplicarse y justificarse el cumplimiento del principio DNSH dentro de los proyectos financiados con fondos europeos.
¿Cómo ha evolucionado su aplicación?
En los primeros momentos, la acreditación del DNSH podía parecer relativamente sencilla: una declaración responsable, un cuestionario básico o una referencia genérica al cumplimiento ambiental.
Sin embargo, con el paso del tiempo el nivel de exigencia ha aumentado. Han aparecido guías, modelos de autoevaluación, anexos específicos, criterios sectoriales y memorias más detalladas. En España, el Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico elaboró una guía para orientar el diseño y desarrollo de actuaciones acordes con el principio DNSH, y distintos organismos han ido incorporando sus propios modelos.
En algunas convocatorias, especialmente aquellas vinculadas a determinados fondos europeos o proyectos de mayor complejidad técnica, la acreditación del cumplimiento del principio DNSH va un paso más allá de la simple declaración responsable. En estos casos, puede exigirse la presentación de un dictamen emitido por una entidad de validación acreditada por ENAC. Mediante este proceso, una entidad independiente analiza la actuación y verifica formalmente que el proyecto cumple con los requisitos ambientales exigidos por la normativa y la convocatoria correspondiente.
Esto ha hecho que el DNSH deje de ser un simple trámite formal para convertirse, en determinadas convocatorias, en un elemento técnico relevante de la solicitud, y es que puede llegar a tener consecuencias reales. Su incumplimiento puede afectar directamente a la financiación de un proyecto.
Un ejemplo reciente se observa en la Propuesta de Resolución Provisional del Programa de Impulso de la Cadena de Valor Industrial de 2025. En el listado de solicitudes desestimadas provisionalmente aparecen varios proyectos cuyo motivo de denegación incluye expresamente que “el proyecto no cumple con el principio de no causar un perjuicio significativo al medio ambiente”.
Esto demuestra que el DNSH ya no debe tratarse como un anexo secundario. En algunas convocatorias, puede ser una condición determinante para que un proyecto sea financiable, pero ¿tiene sentido exigir DNSH a todos los proyectos?
El objetivo del principio DNSH es razonable y coherente con la estrategia europea de sostenibilidad. No obstante, su aplicación práctica plantea algunas dudas, especialmente cuando se aplica de forma homogénea a proyectos muy distintos.
No es lo mismo evaluar una inversión industrial con impacto físico sobre una planta productiva que un proyecto de desarrollo software o una actividad de I+D con alcance principalmente experimental. En estos últimos casos, el potencial impacto ambiental puede ser limitado o indirecto, pero la carga documental puede seguir siendo considerable.
Aquí aparece una tensión evidente: la necesidad de garantizar la sostenibilidad frente al riesgo de generar una burocracia difícil de gestionar.
Principales dificultades para las empresas
En determinadas convocatorias, la acreditación del DNSH puede llegar a recordar, salvando las distancias, a procedimientos propios de tramitaciones ambientales: análisis de normativa aplicable, afección a espacios protegidos, residuos, consumos, emisiones, autorizaciones o compatibilidad con criterios técnicos específicos. Las empresas suelen encontrarse con varios problemas:
Primero, el lenguaje. Muchos modelos DNSH están redactados con terminología ambiental, jurídica y técnica que no siempre resulta fácil de interpretar para una pyme o para una empresa tecnológica.
Segundo, la falta de homogeneidad. No todas las convocatorias exigen lo mismo ni con el mismo nivel de profundidad. Algunas se conforman con declaraciones responsables; otras piden memorias justificativas mucho más desarrolladas.
Tercero, la incertidumbre. En proyectos de innovación, especialmente si están en fases tempranas, puede no estar completamente definido el impacto final de la solución. En la práctica, muchas empresas terminan teniendo que justificar no solo el impacto real de su proyecto, sino también todos aquellos impactos que previsiblemente nunca llegarán a producirse
En cualquier caso, el principio DNSH ha llegado para quedarse. La sostenibilidad ya no es un elemento accesorio en la financiación pública, sino un criterio de evaluación que afecta directamente a la obtención de la ayuda.
Ahora bien, su aplicación debería avanzar hacia modelos más claros, proporcionados y adaptados a la naturaleza de cada actuación. No todos los proyectos tienen el mismo riesgo ambiental, y no todos deberían requerir el mismo nivel de análisis.
Para las empresas, la conclusión es clara:
El DNSH debe abordarse desde el inicio, no al final de la solicitud. Entenderlo bien puede evitar errores, retrasos e incluso la pérdida de una ayuda pública. Por ello, desde MATICAL acompañamos a empresas en la gestión integral de ayudas públicas y proyectos de I+D+i, ayudándoles a interpretar y justificar correctamente requisitos como el principio DNSH desde las fases iniciales del proyecto. Nuestro objetivo es que la innovación avance sin que la complejidad administrativa se convierta en un freno, aportando claridad, experiencia y una visión práctica adaptada a cada convocatoria y tipología de proyecto.






